📈 Pobreza multidimensional 2026: infancia y oportunidades | FEM

· Fundación E. Mendoza

Conoce qué revela el Índice de Pobreza Multidimensional Global 2026 y por qué la primera infancia, los cuidados y los medios de vida requieren respuestas integradas.

La pobreza no se reduce a cuánto dinero entra al hogar. También se expresa en barreras simultáneas para la salud, el aprendizaje y las condiciones básicas de vida. La actualización 2026 del Índice de Pobreza Multidimensional (IPM) global ofrece una señal urgente y una guía para actuar con respuestas integradas, territoriales y centradas en las personas.

Una alerta global que exige contexto

El informe elaborado por la Oxford Poverty and Human Development Initiative (OPHI) y la Oficina del Informe sobre Desarrollo Humano del PNUD estima que 1.200 millones de personas en 108 países viven en pobreza multidimensional aguda: el 18,9 % de la población cubierta. La cifra supera en 51,5 millones la actualización anterior y constituye el primer aumento del número global desde que comenzó la serie en 2010.

El propio informe pide leer ese cambio con cuidado. En los 95 países sin nuevas encuestas, el crecimiento de la población añadió 15,8 millones al recuento. El resto refleja una combinación de cambios demográficos, variaciones en la incidencia y diferencias de cobertura entre rondas de encuestas. Por eso, el aumento global no significa que la pobreza haya empeorado en todos los países: en varios lugares hubo avances y en otros retrocesos o estancamiento.

La medida complementa la pobreza monetaria. Considera diez indicadores agrupados en tres dimensiones: salud, educación y nivel de vida. Una persona se clasifica como pobre cuando acumula privaciones en al menos un tercio de los indicadores ponderados. La herramienta permite observar tanto cuántas personas enfrentan privaciones como cuántas privaciones se superponen en sus hogares.

La niñez soporta una carga desproporcionada

Más de la mitad de las personas identificadas como pobres —617 millones— son menores de 18 años. Cerca de uno de cada tres niños vive en pobreza multidimensional, frente a uno de cada siete adultos. Además, el 83 % de las personas en pobreza vive en zonas rurales; 534 millones enfrentan pobreza severa y otros 952 millones son vulnerables a caer en ella.

Estos datos recuerdan que la pobreza familiar deja huellas desde los primeros años. La nutrición, el cuidado sensible, la seguridad, el juego, el lenguaje y el acceso a experiencias de aprendizaje se afectan mutuamente. A la vez, las responsabilidades de cuidado no remunerado pueden limitar el tiempo disponible de las mujeres para formarse, generar ingresos o consolidar un emprendimiento. Una política que aborda cada dimensión por separado puede dejar intactas las barreras que las conectan.

Qué significa para la acción de FEM

Para la Fundación Eugenio Mendoza, el IPM ofrece un marco para conectar el trabajo que ya realiza en primera infancia, economía del cuidado y medios de vida. No es una medición de los resultados de FEM ni permite atribuir cambios del IPM global a un programa. Sí ayuda a formular mejores preguntas: qué privaciones se acumulan en cada comunidad, quiénes quedan fuera de los servicios y qué combinación de apoyos puede fortalecer capacidades y oportunidades.

1. Fortalecer el cuidado y el desarrollo infantil

Las redes de cuidado seguro y educativo pueden acompañar el desarrollo infantil y fortalecer a quienes cuidan. La formación de cuidadoras, las prácticas de juego, lectura y exploración, y la articulación con servicios de salud y protección pueden reducir barreras que afectan a niños y familias. CreSiendo puede contribuir a organizar información, seguimiento y conexión entre cuidadoras, familias y servicios, siempre con resguardos adecuados para los datos personales.

2. Vincular capacidades con medios de vida

La formación emprendedora resulta más útil cuando se conecta con necesidades reales del hogar y del negocio: validar ventas y costos, fortalecer la gestión, usar canales digitales de manera segura y responsable, ampliar redes y acceder a productos financieros apropiados. Iniciativas como ABC del Emprendedor y PALANTE Digital pueden acompañar ese proceso. El indicador relevante no es solo cuántas personas participan, sino si logran sostener prácticas, estabilizar ingresos y mejorar su capacidad para enfrentar imprevistos.

3. Llegar a las comunidades con respuestas articuladas

La evidencia global muestra que los promedios esconden diferencias territoriales. En consecuencia, las respuestas deben partir de diagnósticos locales y de la voz de las familias. Las alianzas con gobiernos, organizaciones comunitarias y prestadores de servicios permiten conectar cuidado, educación, salud, protección y oportunidades económicas. FEM puede aportar metodología, acompañamiento y articulación, mientras cada aliado contribuye desde su mandato y capacidad.

La experiencia debe medirse por cambios verificables

En el cierre de Good Start en Cali, FEM reportó el acompañamiento de 120 cuidadoras, 500 familias y 1.680 niñas y niños. Estas cifras describen el alcance institucional reportado del programa; por sí solas no prueban un efecto causal sobre la pobreza. Para aprender qué cambia y para quién, el seguimiento debe combinar indicadores de cobertura y calidad con resultados de bienestar: continuidad de las prácticas de cuidado, participación y desarrollo infantil, estabilidad de los emprendimientos, cambios en ingresos y acceso efectivo a servicios.

Una evaluación sólida también necesita línea base, seguimiento y criterios claros de comparación cuando sea posible. Debe desagregar resultados por edad, género, discapacidad, condición migratoria y territorio, y proteger la privacidad de las familias. Así, la medición sirve para ajustar la implementación y rendir cuentas con honestidad, no solo para reportar actividades.

Una agenda práctica para reducir privaciones

El IPM 2026 confirma la magnitud del desafío y también registra que algunos países han reducido la pobreza con rapidez y continuidad. Para FEM, la oportunidad consiste en traducir ese aprendizaje a escala comunitaria: escuchar primero, identificar las barreras que se refuerzan, acompañar capacidades desde la primera infancia y conectar a las familias cuidadoras con medios de vida más estables.

Mitigar la pobreza requiere que los apoyos se encuentren en la vida cotidiana de las personas. Cuando el cuidado, el aprendizaje y las oportunidades económicas se articulan con servicios y alianzas locales, se amplían las condiciones para que niñas, niños y familias desarrollen sus capacidades y participen plenamente en su comunidad.

Fuentes

• OPHI y PNUD. (2026). Global Multidimensional Poverty Index 2026: Statistical Update. Oxford Poverty and Human Development Initiative y Human Development Report Office. Informe y PDF oficial: https://ophi.org.uk/publications/gMPI17-2026

• OPHI y PNUD. (12 de octubre de 2026). La pobreza multidimensional aumenta por primera vez desde 2010. Comunicado de prensa: https://ophi.org.uk/news/la-pobreza-multidimensional-aumenta-por-primera-vez-desde-2010

• Fundación Eugenio Mendoza. (2026). Cifras institucionales reportadas para el cierre de Good Start en Cali: 120 cuidadoras, 500 familias y 1.680 niñas y niños.

Nota editorial: El IPM global presenta estimaciones para países y grupos incluidos en sus encuestas; no debe interpretarse como una cifra específica para Colombia o Venezuela. Las propuestas para FEM requieren diagnóstico local y evaluación de resultados.). Global Multidimensional Poverty Index 2026: Statistical Update. Oxford Poverty and Human Development Initiative y Human Development Report Office. Informe y PDF oficial: https://ophi.org.uk/publications/gMPI17-2026

¿Te resultó útil este artículo?

Tu evaluación nos ayuda a crear contenidos más útiles para nuestra comunidad.

0.0 / 5 · 0 valoraciones

Comparte tu opinión

Tu correo electrónico no será publicado.