🏠 ¿Qué lleva a una persona a quedarse sin hogar? Lo que revela la OCDE
Informe de la OCDE sobre sinhogarismo y exclusión residencial | 2026
Cuando pensamos en una persona sin hogar, casi siempre imaginamos a alguien durmiendo en la calle. Sin embargo, la experiencia más frecuente es otra y apenas se ve: pasar semanas o meses en el sofá de un familiar, en el cuarto de un amigo o en una casa ajena porque no hay otro sitio a donde ir. Un nuevo documento de trabajo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) reúne la investigación disponible y los datos de encuestas de Europa y Canadá para responder una pregunta sencilla y difícil a la vez: ¿qué empuja a las personas a perder su vivienda? [1]
Un problema más extendido de lo que dicen las cifras oficiales
Según las estadísticas gubernamentales, más de 2,6 millones de personas vivían sin hogar en los países de la OCDE y de la Unión Europea en 2025, y la propia organización advierte que la cifra probablemente se queda corta [1]. Los conteos oficiales suelen registrar a quienes duermen en la calle o en albergues en un momento concreto, lo que en la mayoría de países equivale a menos del 1 % de la población.
Cuando se pregunta a la gente por toda su vida, el panorama cambia. En la encuesta europea de condiciones de vida de 2023, alrededor del 5 % de los adultos dijo haber pasado al menos una vez por una dificultad grave de vivienda, y en varios países la proporción llegó al 8 % o 10 % [1, 2]. En Canadá, el 11,2 % de los encuestados contó que tuvo que vivir temporalmente con otras personas por no tener a dónde ir, frente al 2,6 % que vivió en la calle, en un refugio o en un lugar no apto para habitar [1, 3].
El sinhogarismo oculto: vivir de prestado
En casi todos los países europeos estudiados, quedarse con familiares o amigos por necesidad es mucho más común que dormir en la calle o en un albergue. Suiza (11 %), Finlandia (10,1 %) y Dinamarca (9,8 %) registran las proporciones más altas, lo que demuestra que esta situación también existe donde hay sistemas de protección social sólidos [1].
El informe pide cautela con los países donde la cifra es baja. Donde es habitual que los jóvenes vivan con sus padres hasta pasados los 30 años, alguien que no puede pagar un alquiler quizá no considere que tiene un “problema de vivienda”. Esta reflexión es especialmente útil para América Latina, donde la convivencia de varias generaciones bajo un mismo techo es frecuente y puede esconder situaciones de hacinamiento o inseguridad que nunca llegan a una estadística.
Pobreza persistente y rupturas familiares, las causas que más pesan
La revisión de la literatura coincide en que perder la vivienda casi nunca tiene una sola causa. Se combinan factores estructurales, como la pobreza o el precio de la vivienda; fallas de los sistemas de apoyo, y circunstancias personales y familiares [1].
La pobreza aparece como el motor de fondo en todos los contextos estudiados, pero con un matiz importante: pesa más la pobreza prolongada que los golpes repentinos. Un estudio en Estados Unidos encontró que los ingresos de las personas que vivieron sin hogar ya eran muy bajos al menos cuatro años antes y siguieron así seis años después [1]. El desempleo influye, pero la mayoría de quienes pierden el trabajo no pierde su casa; el riesgo crece cuando la falta de empleo se suma a otras vulnerabilidades.
Los conflictos y las rupturas familiares son la otra gran puerta de entrada. En Europa, los problemas familiares o de pareja fueron el motivo más citado entre quienes tuvieron que quedarse en casa de otros (26,5 %), seguidos de los problemas económicos (22,9 %) [1]. Para muchas mujeres y sus hijos, la violencia de pareja es el detonante: salir de un hogar violento suele significar irse sin dinero, sin pertenencias y sin un lugar estable al que llegar. La salud física y mental, por su parte, rara vez basta por sí sola, pero aumenta la vulnerabilidad cuando se combina con lo demás.
Un dato llama la atención: entre quienes durmieron en la calle o en albergues, la respuesta más frecuente sobre la causa fue “otro motivo” (34,4 %). Para la OCDE, esto indica que las encuestas todavía no capturan bien cómo se mezclan las causas y que hace falta más investigación cualitativa [1].
Lo que pasa a los 14 años deja huella
Uno de los aportes más relevantes del informe es el análisis de las condiciones de vida en la adolescencia. Con datos de casi 195.000 personas en Europa, la OCDE comparó la situación de cada una a los 14 años con la probabilidad de haber perdido la vivienda en la vida adulta [1]. Frente a quienes crecieron con ambos padres, en un hogar propio y sin apuros económicos, el riesgo fue mayor para quienes:
- No vivían con ninguno de sus padres (4,9 puntos porcentuales más) o vivían con uno solo (3,1 puntos más).
- Crecieron en un hogar con una mala situación económica (3,3 puntos más).
- No tenían cubiertos los libros y materiales escolares (3,3 puntos más) o no comían a diario una comida completa (2,3 puntos más).
- Vivían en una vivienda alquilada o prestada, y no en una propia (entre 2 y 2,7 puntos más).
Son asociaciones, no causas probadas, y la mayoría de quienes crecen con carencias nunca se queda sin hogar. Pero el mensaje es claro: la exclusión residencial de un adulto muchas veces empieza a gestarse en la infancia. La literatura también muestra que los jóvenes que salen de centros de protección sin apoyo corren un riesgo muy alto: en Estados Unidos, entre el 31 % y el 46 % había vivido sin hogar a los 26 años [1].
Cómo se sale: empleo, vivienda y redes de apoyo
Las salidas dependen del tipo de situación. En Europa, para quienes vivieron en la calle o en albergues, acceder a una vivienda social o subsidiada fue la vía más mencionada (25,8 %), mientras que para quienes se quedaron con familiares o amigos pesó más conseguir trabajo (22,9 %) [1]. En Canadá, encontrar empleo o aumentar los ingresos fue la salida más citada en ambos grupos; después vinieron las ayudas sociales, entre quienes vivieron en la calle o en albergues, y el apoyo económico de familiares y amigos, entre quienes se quedaron en casa de otros [1, 3].
A partir de estos hallazgos, algunas líneas de prevención aparecen con claridad:
- Actuar antes de la crisis: detectar a tiempo las deudas de alquiler, los desalojos y las rupturas familiares abre una ventana para intervenir.
- Proteger la infancia: el apoyo escolar, la alimentación y el acompañamiento a familias monoparentales reducen riesgos que se arrastran durante años.
- Acompañar las transiciones: los jóvenes que dejan centros de protección y las personas que salen de hospitales o prisiones necesitan un plan de vivienda y no un adiós.
- Fortalecer los ingresos: la formación, el empleo y el emprendimiento ayudan a romper la pobreza persistente, que es el factor de fondo.
- Integrar servicios: la OCDE propone que los servicios de familia, violencia de género y vivienda trabajen coordinados para identificar las dificultades menos visibles.
Hacer visible lo que no se ve
El informe reconoce sus propios límites: la mayoría de los estudios proviene de Estados Unidos y otros países anglosajones, las encuestas solo llegan a quienes ya tienen un domicilio y todavía se sabe poco sobre cómo las personas pasan de vivir de prestado a dormir en la calle. Para nuestra región, la tarea pendiente es aún mayor, porque los datos sobre el sinhogarismo oculto son prácticamente inexistentes.
En la Fundación Eugenio Mendoza trabajamos con la infancia, la educación y el emprendimiento, tres frentes que este estudio señala como protectores. Te invitamos a mirar a tu alrededor con otros ojos: quien “se está quedando unos días” en casa de alguien puede estar atravesando una crisis de vivienda. Preguntar, escuchar y conectar a esa persona con apoyos concretos puede marcar la diferencia antes de que la situación se agrave.
Fuentes y notas de consulta
- OCDE. What is driving homelessness and housing exclusion in OECD and EU countries? A review of the literature and cross-national data. OECD Social, Employment and Migration Working Papers, n.º 336, 2026. https://dx.doi.org/10.1787/773baca1-en
- Eurostat. EU-SILC 2023, módulo sobre transmisión intergeneracional de desventajas y dificultades de vivienda, citado en [1].
- Statistics Canada. Canadian Housing Survey 2022, citado en [1].
Esta es una adaptación de una obra original de la OCDE, publicada bajo licencia CC BY 4.0. Las opiniones expresadas y los argumentos empleados en esta adaptación no deben presentarse como opiniones oficiales de la OCDE ni de sus países miembros. Las cifras corresponden al documento original; las recomendaciones de prevención son una síntesis editorial de la Fundación.
