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🤲 Cuidar también es construir futuro: el aporte del sector privado y comunitario al cuidado infantil

· Fundación E. Mendoza

Una reflexión de la Fundación Eugenio Mendoza a partir del estudio del Banco Interamericano de Desarrollo

La primera infancia requiere entornos seguros, afectivos y estimulantes. Sin embargo, en América Latina y el Caribe persiste una brecha entre la necesidad de cuidado y el acceso efectivo a servicios para niñas y niños pequeños. Esa brecha incide en sus oportunidades de desarrollo y también en la posibilidad de las familias —especialmente de las mujeres— de estudiar, trabajar, emprender y cuidar su bienestar.

Un estudio que amplía la conversación

La monografía de Agustina Suaya, publicada por el BID en julio de 2026, organiza evidencia internacional sobre cómo las políticas públicas pueden incentivar, regular y acompañar la participación de proveedores privados y comunitarios en el cuidado infantil de 0 a 4 años. La revisión, basada en más de 220 documentos, examina cinco campos: regulación; financiamiento e incentivos; provisión de servicios públicos mediante actores no estatales; reducción de barreras de acceso; y aseguramiento de la calidad [1].

Su principal aporte es evitar respuestas simples. La participación privada no garantiza por sí sola más cobertura ni mejores resultados. Su contribución depende del diseño institucional: reglas claras, financiamiento adecuado, supervisión, estándares de calidad y mecanismos que protejan la equidad y la sostenibilidad. El Estado conserva una función esencial de garantía de derechos y rectoría; las organizaciones sociales, comunitarias y empresariales pueden sumar capacidades, cercanía territorial e innovación cuando forman parte de un sistema responsable.

👉 Lee nuestro resumen del estudio: El sector privado en el cuidado infantil: lo que muestra la evidencia internacional para América Latina.

Qué significa para las familias y para la niñez

El cuidado infantil de calidad no es únicamente un espacio donde las familias dejan a sus hijos. Es una experiencia cotidiana que puede fortalecer el desarrollo, el juego, el lenguaje, los vínculos y la seguridad. También puede aliviar las restricciones de tiempo que limitan la autonomía económica y el bienestar de madres, padres y cuidadores. Para lograrlo, ampliar cupos debe ir de la mano con calidad, inclusión y acompañamiento.

La experiencia de FEM: profesionalizar, conectar y dar visibilidad

Desde Familias Fuertes, Infancia Segura, la Fundación Eugenio Mendoza contribuye a ese propósito mediante la profesionalización del cuidado infantil comunitario. El programa acompaña a cuidadoras para fortalecer sus prácticas pedagógicas y su gestión, promueve espacios seguros para niñas y niños, y articula redes de apoyo para las familias. Esta labor reconoce que las cuidadoras son actoras clave del desarrollo infantil y que su formación, reconocimiento y sostenibilidad importan.

  • 🇨🇴 En Colombia, el trabajo apoyado por Limmat ha articulado a 100 cuidadoras con 500 familias y 1.680 niñas y niños. Estas cifras describen alcance; el impacto debe seguirse además con evidencia sobre calidad de las interacciones, seguridad, desarrollo infantil, bienestar familiar, ingresos y continuidad de los servicios.
  • 🇻🇪 En Venezuela, la transferencia de SABERES y el acompañamiento a centros comunitarios muestran otra vía para ampliar capacidades locales y consolidar prácticas pertinentes.

De la evidencia a una agenda de acción

  1. Calidad antes y durante la expansión. Formación continua, prácticas seguras, observación y mejora, con estándares adecuados al contexto.
  2. Reconocimiento y sostenibilidad de las cuidadoras. Acompañar su desarrollo profesional y fortalecer condiciones para que el servicio sea estable.
  3. Alianzas con responsabilidades claras. Coordinar Estado, organizaciones, comunidades y sector privado; definir compromisos, supervisión y rendición de cuentas.
  4. Reducir barreras de acceso. Acercar servicios a las familias, informar con claridad y considerar horarios, costos y realidades territoriales.
  5. Medir resultados de manera integral. Combinar cobertura con indicadores de calidad, desarrollo infantil, bienestar parental, equidad y sostenibilidad.

Una contribución que suma al bien común

El estudio del BID invita a pensar la participación del sector privado como una herramienta que debe estar al servicio de resultados públicos: más oportunidades de desarrollo para la niñez, servicios confiables para las familias y condiciones dignas para quienes cuidan. La contribución de FEM consiste en aportar experiencia, formación, articulación territorial y aprendizaje práctico desde el cuidado comunitario. Su valor crece cuando dialoga con políticas públicas, se evalúa con rigor y se sostiene en alianzas transparentes.

Invertir en quienes cuidan es invertir en la infancia y en las capacidades de toda la sociedad. Para FEM, fortalecer el cuidado significa crear mejores condiciones para que cada niña y cada niño pueda crecer, aprender y desplegar su potencial, mientras sus familias cuentan con apoyo y las cuidadoras son reconocidas como profesionales esenciales.

Fuente

  1. Suaya, Agustina. El sector privado en la provisión de servicios de cuidado infantil: evidencia internacional e implicancias para América Latina y el Caribe. Banco Interamericano de Desarrollo, julio de 2026. DOI: 10.18235/0014557

Las cifras de cobertura de FEM corresponden a información institucional compartida por la Fundación.

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